sábado, 7 de febrero de 2015

Miss México o una criminal!!!!!! Maria Teresa de Landa

María Teresa de Landa


fue un evento muy comentado en su época. En 1928 fue Miss México, concursante internacional que puso en alto el nombre de nuestro país en Gálveston, Texas, su belleza, su capacidad y su tenacidad le valieron el título. Un año después estaba presa por el delito de "uxoricidio", es decir, por haber matado a su bígamo esposo, el general Moisés Vidal. El evento tiene tintes importantes para la historia no sólo por las implicaciones sociales de ambos eventos, sino porque es una muestra clara de la sociedad posrevolucionaria, los encuentros entre la parte civil y la militar, las disonancias sociales, culturales, pero también muestra de qué manera se manejaba el sistema legal, en tal medida que ninguna de las "uxoricidas" fue condenada a la cárcel en los años veinte del siglo pasado. "Vengadoras del destino femenino" lo llama Aurelio de los Reyes y en ello vemos una historia de las mentalidades, una historia social, una cultural, pero también una historia de género que está en construcción y rescate en sus más minúsculas formas. Este texto pretende mostrar sólo una parte de las facetas de todo este mundo que se mostraba crudo, duro y sutilmente agresivo.



En los últimos años, los estudios de género han mostrado la escasez de datos y evidencias para la investigación de la vida pública y privada de las mujeres. Las fuentes convencionales con frecuencia no dan cuenta de ellas; la Historia las dejó de lado al analizar más los hechos políticos, bélicos o económicos y no tuvo tanto interés en la vida cotidiana, la vida social o cultural que ahora tienen tanto augue entre los especialistas de las ciencias sociales. Para documentar esa historia de las mujeres y su vida cotidiana, se ha recurrido a fuentes no convencionales como las cartas, los diarios, las tarjetas postales, las historias orales y gráficas, que permiten descubrir poco a poco esas formas de vida del pasado y gracias a lo cual se han obtenido mejores resultados. La investigadora Silvia Marina Arrom lo considera así: "No es fácil documentar las experiencias de las mujeres, porque muy rara vez aparecen en las fuentes utilizadas habitualmente por los historiadores. Además los documentos históricos, originados casi enteramente por una élite instruida, se ocupan principalmente de las clases privilegiadas"


En los ricos acervos fotodocumentales conocidos aparecen imágenes de mujeres que en los albores del siglo XX atendían negocios, trabajaban de enfermeras, maestras, empleadas, artistas, cantantes, actrices, vedettes, prostitutas o amas de casa. Ellas ponen en la mesa de la historia gráfica sus rostros, ritos, costumbres, guiños, apariencias y una serie de elementos no relatados, que merecen ser estudiados desde la perspectiva de la historia cultural de lo social y de la historia social del arte para enriquecer el conocimiento de ese pasado inmediato


Aunque eran unas cuantas las "atrevidas", pudieron penetrar un ámbito fundamentalmente masculino hasta entonces: la vida pública, y en ello radica su gran valor. Como quedó constancia visual y gráfica gracias a las imágenes captadas por los fotógrafos de los eventos, ahora es posible acudir a ellas y recopilar las historias latentes que aguardan a ser contadas nuevamente y a ser difundidas para su comprensión cabal.

Entre muchos otros eventos, la mujer aparece con gran frecuencia en kermeses, fiestas taurinas y festejos religiosos durante esos años. Incluso en actos políticos en los cuales la presencia femenina estaba vetada con anterioridad y en la posrevolución, hay momentos clave en que asoman rostros femeninos entre los del presidente, del jefe del gobierno capitalino, o de algunos personajes masculinos de gran importancia. Tal fue el caso cuando en 1935 la aviadora Amelia Earhart se presenta en México y aparecen las mujeres, las esposas, las madres y compañeras de los jefes de Estado y de gobierno.


Es una memoria visual, un documento donde se reconstruye, inserta y matiza la presencia de las mujeres que fueron parte del retrato individual y colectivo de una época. Sí podemos "verlas", literalmente, y rescatarlas con la imagen justo de la invisibilidad que por años padecieron y con ello se cumple el propósito de recuperar un fragmento de memoria social y de género. La esfera de lo íntimo como parte de lo femenino se vio trastocada con la entrada de las mujeres a la vida pública y laboral; fueron diferentes sus maneras de integrarse, dependió de sus quehaceres y de sus habilidades de subsistencia en el ámbito posrevolucionario. No fue lo mismo incorporarse a las filas de las maestras de primaria que a los servicios telefónicos, a las fábricas, a los mostradores de las tiendas, a la vida nocturna con sus chicas topless y sus ánimos musicales y teatrales que se abrían a la fuerza laboral de las mujeres. Carlos Martínez Assad lo plantea de manera clara


Según el censo de población de 1921, se incrementó el número de empleadas en las boticas y en las tiendas departamentales que cobraban auge en ese momento. Como pintoras o escultoras y fotógrafas, cerca de 200 lograron ingresar a la Academia de San Carlos y a las Escuelas de Pintura y Escultura al Aire Libre, situación que en épocas anteriores estaba mucho más restringida y era mal vista. También hubo médicas alópatas, homeópatas y sobre todo parteras que incrementaron su número hasta 1962. En la docencia también se registró un notable aumento de profesoras:


En la década de los años veinte, la mujer mexicana participaba de una era política, económica, social y cultural que daba un revés a los valores impuestos durante muchos años de prejuicios, moralejas religiosas, anulación social y omisiones de su presencia en la vida y el destino del país. Provenían de siglos de dominación e instrucción sobre sus cuerpos, sus formas de representación, sus atavismos y la autocensura que permitía la continuidad de una cultura en línea patriarcal.



Como consecuencia inevitable, la aparición de la mujer en la esfera pública motivó un desfile de los personajes más diversos ante las cámaras de los fotorreporteros, de tal modo que las habitantes de la ciudad de México en el decenio de los años veinte formaron un rico abanico de diversidad identitaria fuera del ámbito doméstico que por supuesto abrevó de nuevos modelos culturales. Para ello, una fuente de reconocimiento y aprendizaje fueron el cine europeo y el estadounidense que llegaban al país. Sobre el particular, Aurelio de los Reyes señala: "la imitación abarcó sectores más amplios, de tal manera que el atuendo ‘a la italiana’ era lugar común en las mujeres de la ciudad. Las películas italianas impactaron a una sociedad hambrienta y soñadora. No son ya el presidente, su cónyuge, las revistas y las secciones de moda de los periódicos los que imponen la moda, sino las actrices".


El conocimiento de las maneras de vestir, de cortarse el cabello, de buscar ciertos enseres modernos para la casa surgió en gran medida en las revistas ilustradas creadas en el país, entre las cuales destacan: Revista de RevistasEl HogarLa Mujer, Zig-Zag y el semanario El Universal Ilustrado, así como Jueves de Excélsior, los cuales dejaron una huella profunda en el imaginario social de la época y sobre todo de sus mujeres jóvenes y en plena faena de creación de una identidad nacional pero universal, que completaba y hacía más compleja su propia figura.






Por su parte y como lo ha estudiado Aurelio de los Reyes, gracias a los casos de estas mujeres uxoricidas —término legal de la época— es posible evidenciar que el olor a pólvora aún se respiraba en el ambiente e, implícitamente, se promovía la idea de solucionar los problemas con arma en mano, un modo cotidiano de andar por la vida. El uniforme militar, las armas, los generales y soldados eran elementos cotidianos; se convivía con ellos, gobernaban y, más aún, las armas y uniformes militares se anunciaban por doquier para usarlos.

Los casos de Magdalena Jurado, Alicia Olvera, Luz González, María del Pilar Moreno y Nydia Camargo Rubín fueron muy conocidos. De casi todas se hicieron películas, con ellas como actrices principales  Dentro de ciertos límites es comprensible tal actitud: la mujer estaba ante un Estado posrevolucionario, modernizador, no sólo laico, sino en plena guerra interna con la Iglesia católica, la más poderosa del país por siglos. Las conductas, la moral trastocada junto con los frenos moralistas de siglos, se diluían a la luz de los nuevos acontecimientos. Un claro ejemplo de la moral craqueada es la declaración de uno de los amantes de la autoviuda Magdalena Jurado al decir, no sin cierto cinismo: "Yo tengo un disgusto con Martínez, al que tengo que matar porque hace daño. Voy a matar a éste y lo enterraré en el sótano y encima de éste a otro [...] para eso estamos en revolución".

Las "uxoricidas" tuvieron varias cosas en común: provenían de una clase social media baja o baja; no eran mujeres preparadas, pues la mayoría no tenía estudios terminados; muchas habían realizado trabajos diversos, "propios de su sexo", para encontrar un sustento frente a las dificultades económicas de la época, de escasos recursos y grandes dificultades de supervivencia. Por lo que se sabe de los juicios, la mayor parte de ellas sufrían de abuso físico y emocional, que se reproducía desde su infancia y juventud. Fueron mujeres engañadas, maltratadas y vejadas constantemente por uno, varios o aquel que acabó en el panteón. El último recurso para terminar con el abuso fue el asesinato de su agresor
Se llevó a cada una de ellas a juicio popular, pues desde 1919 el presidente Venustiano Carranza había instaurado los juicios de esa índole, en los que un jurado insaculado de 12 personas debía decidir la suerte de las acusadas.

Es importante subrayar que, si bien el divorcio se había instituido en el código civil también en 1919 con el presidente Carranza, las mujeres en esos años lo veían como una manera de degradarse, de quedar fuera del cerco social y familiar que las acogía, por lo cual eran pocas las que lo admitían como una salida a un mal matrimonio, a un engaño, a la infidelidad o el deshonor, actitud comprensible porque las formas sociales de la época apenas estaban en construcción; sin embargo, aún faltaba mucho por entender en los caminos de la negociación y los acuerdos socialmente aceptables para enfrentar los términos de una nueva vida laboral, social, doméstica y familiar.

En medio de esa riqueza constructiva se hallaban las "uxoricidas" con sus culpas a cuestas y sus razones por delante.

Una miss que cayó del cielo al suelo



María Teresa de Landa y Ríos era una joven de 18 años ataviada a la moda, con pelo corto a la altura de la oreja y fleco con el corte a labob, y su ropa de flapper con el vestido sin talle de baja cintura y debajo de la rodilla. La sonrisa pintada de carmín, los ojos grandes y coquetos pincelados de rímel, toda ella era una joven que mostraba sus encantos en el concurso de belleza efectuado en el país bajo el marco y la promoción de la revista Jueves de Excélsior en 1928.

La revista lanzó la convocatoria para el concurso de la Señorita México en marzo de 1928, explicando que las interesadas deberían tener entre 16 y 25 años de edad, ser solteras, gozar de buena reputación moral y no ser artistas. La idea la tomaron de los Estados Unidos, que desde 1920 venía realizando un concurso interno para dar a conocer a la señorita Estados Unidos, considerada la más bella. Para 1926 habían lanzado su convocatoria a otros países, entre ellos México, 

para el concurso de Pulcritud y Belleza Internacional conocido como el International Pageant of Pulchritude. En 1927 participó Luz Guzmán, pero en esa ocasión Jueves de Excélsior no fue el promotor del evento; ella fue bajo su propio patrocinio y quedó en un honroso cuarto lugar. En 1928 se darían cita las más guapas mujeres europeas, latinoamericanas y norteamericanas para consagrar a la reina internacional que representara la belleza universal, lo cual en 1952 se conocería ya como el concurso de Miss Universo

En ese año inaugural del concurso masivo aparecieron varias concursantes interesadas y los lectores votaron por ellas enviando los cupones de la revista a vuelta de correos; se presentaron en las diversas etapas, pero fue en la de trajes de baño donde se definió la lista de cinco finalistas con un jurado selecto, formado, entre otros, por el director de la Escuela de Artes Plásticas, Alfredo Ramos Martínez, el reconocido escultor Ignacio Asúnsolo, el escritor, poeta y crítico Enrique Fernández Ledesma y el artista Carlos González. La visión masculina se dejaba escuchar así: "Como ustedes pueden apreciar, los modelos de los trajes de baño no lo son todo. Hace falta rellenar los trajes [...] Cuando la mujer es linda, lo demás es lo de menos"
Por las fotografías que acompañan las entrevistas —realizadas por el fotógrafo y reportero gráfico decano de la Revolución Eduardo Melhado—, se distinguen unas muy altas, otras bajitas, más llenitas, menos graciosas, muy simpáticas, risueñas, ingenuas, rozagantes, soñadoras e intelectuales. Al leer y ver los reportajes, podemos suponer que la preparación universitaria de María Teresa en el ámbito de la odontología le dio amplio espacio para vencer a sus contrincantes y convencer a tan fino jurado. María Teresa comentó al reportero Ceballos: "Desde finales de la Gran Guerra, las sociedades han desechado modos de repensar anticuados y ahora reconocen que las mujeres poseen un espíritu lleno de energía"
La primera fotografía fue tomada el domingo 19 de mayo de 1928 en los jardines de la Alberca Esther, situada en el rumbo de San Ángel. La imagen capta a María Teresa de Landa, unos momentos después de salir triunfadora del concurso de Belleza y Pulcritud [...] en ese año participó un ramillete de hermosas mujeres entre las que destacaron Raquel del Castillo —candidata de electricistas ferrocarrileros—, Eva Frías —hija del célebre periodista Heriberto Fríasó, Zoila Reina, Mercedes Ortega —de "ojos maliciosos y traviesos"— y muchas flores más
En la imagen aparece Miss México 1928, tal como fue elegida reina de México. Con su vestido de organza, sombrero del mismo material también a la moda, el vuelo y lo alto del vestido debajo de la rodilla denuncia el año, pues los vestidos se cortaron así hacia 1928, los zapatos rematan las medias blancas mostrando los límites de su belleza. De tal manera la vemos confiada y segura en la actitud corporal, en el momento de posar ante las lentes de Enrique Díaz, Eduardo Melhado y Casasola. Con la mirada grácil que parece un poco atrevida, intenta asimilar su nuevo papel social. Ya días antes había comentado a la prensa "su deseo de ser independiente en todos los aspectos de la vida" Ella, que había sido educada en colegio de monjas, que dominaba el francés, hablaba inglés, de carrera normalista y con deseos de ser odontóloga, estaba segura de que las "mujeres que estudian son tan capaces como los hombres"; era ésta una idea clara de identidad forjada también bajo una nueva mirada. En este caso, aparentemente, la representación corporal respondía también a la mental.
Esos días fueron de grandes festejos; subida en un carro alegórico paseó por la ciudad de México, aclamada por los comerciantes de las céntricas calles como la "Novia de la calle de Madero": "Ella era la reina más reina, la flor más bella de las flores"; su sonrisa franca y su alegría eran evidentes, por lo menos así se observa en las huellas gráficas que perviven de aquella ocasión festiva  En los momentos de gran júbilo, su cuerpo parece hablar y mostrar la alegría natural de quien ha alcanzado sus propias metas.
También aparece en las fotos del momento del brindis: su expresión corporal muestra soltura y seguridad, "miradas que matan" podría ser el pie de foto de esa imagen donde ella brinda con un personaje masculino.  
Dentro de este referente podemos observar las fotografías de Teresa de Landa al ganar. El análisis de imagen desde la perspectiva corporal muestra una mujer segura, confiada y decidida, quien ya sabía que su futuro tenía grandes perspectivas, por lo pronto concursar en Galveston, Texas, 

en los Estados Unidos para seguir encontrándose con otros posibles triunfos. Y así fue pues, aunque no ganó, se encontró con varias ofertas para irse a Hollywood como actriz. Todas aquellas posibilidades de seguir adelante con una carrera de actriz, de mostrar su belleza, de enfrentarse a un mundo diferente, 


las rechazó "en nombre del amor", pues estaba comprometida para casarse con un general bri­gadier de la Revolución al cual conoció en el funeral de su abuela el 8 de marzo de 1928. Era el general Moisés Vidal Corro, revolucionario de unos 34 años de edad, quien se adueñó de su corazón.













Se casaron de manera clandestina tan pronto ella regresó de los Estados Unidos y el padre, al enterarse, los obligó a contraer nupcias. La boda se llevó a cabo en octubre de ese año en su casa (recordemos que estaba en pleno el conflicto religioso) y de tal acontecimiento sólo salió publicado un retrato de ella anunciando su boda en el diario Excélsior, el 2 de octubre de 1928. Las promesas de amor, fidelidad, honestidad, todas ellas estuvieron presentes ese día. Aunque el padre sospechó desde el momento mismo en que lo hicieron de manera oculta; a pesar de su brillante inteligencia, ella no intuyó su triste despropósito.
Después de casi un año de viaje por el estado de Veracruz, de establecerse en Cosamaloapan, de donde era originario el general Vidal, la pareja se fue a vivir a la calle de Correo Mayor número 119, en el corazón de la ciudad de México, en la misma casa donde residía la familia Landa. El general Vidal era celoso y desconfiado, por lo que no dejaba a María Teresa salir sola a la calle, menos leer el periódico: "una señora decente no tenía por qué enterarse de los crímenes y demás ­indecencias que llenan las páginas de los diarios", según citan las fuentes de la época.


Allí fue donde la desgracia los visitó, pues el domingo 25 de agosto de 1929 María Teresa despertó alrededor de las diez y media de la mañana y encontró el periódico en una mesa de la casa junto a la pistola Smith and Wesson del general. María Teresa leyó el contenido de una breve nota 
y se encontró con una desgarradora noticia: la señora María Teresa 
Herrejón López de Vidal Corro denunciaba a su esposo por bígamo, y era 
el mismo general Vidal Corro con el que estaba esposada la Miss México. Resultaba increíble: no sólo compartían el nombre sino el mismo esposo. Aquella otra María Teresa de apellido Herrejón había vivido en Veracruz y tenía dos hijas como producto de aquel "amor" que se había consumado seis años atrás.

Landa, despechada, destrozada y sintiéndose deshonrada, tomó la pistola que el mismo general había dejado junto al periódico —al parecer para que aquella desdichada tirara del gatillo atentando contra su propia vida— y, al enfrentarlo, éste se burló de ella: "María Teresa empuñó el arma y disparó contra el hombre que la había engañado".
El simbolismo de la pistola, el diario y la actitud tomada por el general Vidal dan mucho en qué pensar, si consideramos que la prohibición de lectura del diario la impuso él mismo. Dejar los elementos a la mano de su esposa establece muchas lecturas, del espacio de imposición de jerarquías militares sobre civiles, de negación del hecho, de actitudes de intimidación. Sea como fuere, esa imagen forjó en el ánimo y el mundo simbólico de María Teresa el deseo de defender su honor, su identidad y su condición de mujer engañada acabando con esa situación inmediatamente. Fue clara al decirle al general antes de disparar: "Me has destrozado la vida y mis ilusiones; si me casé contigo no fue por dinero, bien lo sabes, sino por amor porque te quiero, no es justo esto que has hecho".

En este caso la ofensa mata: desdeñada por los comentarios del general descargó la pistola: seis balazos y 10 orificios, fue la declaración del forense. Una bala cruzó el rostro, la clavícula y volvió a alojarse en el cuerpo del general que quedó tendido en un sillón de la sala del hogar; su cuerpo inerte se tornó ridículo. Aquel domingo 25 de agosto de 1929 marcó una nueva etapa en la vida de aquella bella mujer, pues "el Destino habría de elegirla para vivir la tragedia, el penal, el jurado y la libertad". El destino que ella se forjó.
La ex reina de belleza llevó la pistola a su sien justo cuando su marido le gritaba que se calmara, entonces el cañón del arma cambió de dirección y su carga se vació sobre el cuerpo masculino, cuando nuevamente la mujer apretó el gatillo, ahora contra sí misma, ya no había balas. Arrodillada ante el agonizante cuerpo de su esposo, le pedía perdón y suplicaba que no se muriera.

El juicio a la autoviuda rebasó la capacidad de asistencia del salón de sesiones de la cárcel de Belén, proveedores de golosinas ofrecían su mercancía entre el público asistente, que enmudeció al verla entrar de elegante luto, con un vestido negro que realzaba la belleza de su cuerpo, el velo que cubría su rostro no alcanzaba a cubrir su belleza ni su dolor. 



El jurado popular se conmovió ante el alegato -de cinco horas- de su abogado defensor, José María Lozano (El príncipe de la palabra), quien revertía el discurso de la parte acusadora (que enfocaba la liberalidad de la asesina como un rasgo de su personalidad vacía, amoral e inescrupulosa), en su apasionado alegato de defensa, el abogado señaló la actitud liberal de la acusada, resaltando su inteligencia y modernidad para mostrarla como "una mujer de su tiempo".

Aunque esos testimonios nada tenían que ver con el suceso materia del juicio, varios testigos aseveraron que María Teresa y el general pasaban horas encerrados en un cuarto de la calle de Chile antes de casarse, ¡Santo Cielo! Entre los declarantes, Consuelo Flores afirmó que esos encierros le eran remunerados a la joven en dinero por su novio.
Consciente de que el jurado estaba fascinado por la acusada, el fiscal Luis Corona pidió, desechando la mínima caballerosidad, que el veredicto no se viera influenciado por la seda de las medias ni por el rimel de las pestañas de la beldad. No había duda: esa asesina ­como la llamó sin piedad­ se declaraba culpable. Además, el acusador ilustró la indecencia de la acusada mostrando tres fotografías: en la primera, la mujer aparece recostada en una cama, con el pecho descubierto, fumando sensualmente; en la segunda, un gatito se aproxima a la fumadora, y en la tercera, el felino, hechizado, busca en esas colinas su alimento. Todavía más: el representante del Ministerio Público recordó, exagerando, que la uxoricida se había exhibido desnuda en el concurso de belleza, y remató su actuación leyendo una carta en la que una compañera de estudios de la Escuela de Odontología ­en la que María Teresa inició carrera antes de la boda­ se dirigía a la procesada "con palabras de hombre" celebrando "el gozo de sus besos". Un rumor de desaprobación al golpe bajo recorrió la sala.

El abogado defensor José María Lozano ­gran orador, ex ministro de instrucción pública del usurpador Victoriano Huerta­ llamó a declarar a un testigo clave: el autor teatral Teodocio Montalbán. éste contó que preparaba una obra sobre el caso, para lo cual se había allegado datos interesantes. Al entrevistarla, la testigo Consuelo Flores le reveló que había declarado contra la acusada a petición de los hermanos del general y motivada por los celos, pues María Teresa le arrebató el amor de Moisés Vidal: las citas amorosas de la calle de Chile eran una mentira. Un clamor cimbró la sala. El fiscal pidió que se desestimara la declaración, pues el testigo no sólo era adicto a la cocaína sino, lo peor, familiar de la desvergonzada tiple Celia Montalbán. El acusador arremetió contra la inmoralidad de esos tiempos, subrayó que la mujer mexicana es la que brinda su abnegación y no la que asesina, y solicitó la condena a la pena capital.


El defensor. Elogió la civilización occidental, en especial la cultura francesa; rememoró crímenes célebres, sobre todo pasionales; se refirió autoelogiosamente a su militancia huertista y a su próxima jubilación, y aterrizó caracterizando a su defendida como la víctima que disparó, en defensa de sus ilusiones, contra quien le infligió deshonor y duelo, movida por una fuerza moral irresistible ante el temor fundado de un mal inminente. El letrado no precisó cuál era ese mal.
Al serle concedido el uso de la palabra por última vez en el juicio, María Teresa Landa sólo dijo, ante el jurado y el público absortos, que los imperativos de su destino le habían llevado al arrebato de locura que la hizo destruir su felicidad matando al hombre a quien amaba con delirio. Un aplauso atronador, interminable, con el público de pie, acogió su intervención.


En el momento de presentarse ante el jurado en la cárcel de Belén, María Teresa, aconsejada por su abogado, el licenciado Lozano, asistió elegantemente ataviada. Los vestidos de seda negros, los sombreros de tafeta, las medias de seda con dibujos garigoleados deberían producir una especie de seducción y ternura entre los insaculados. La defensa había usado este artificio en el caso de las otras autoviudas y así lo hizo Querido Moheno; en su caso, el licenciado José María Lozano procuraría llevar a efecto la capacidad de desatar los más tiernos y empáticos sentimientos 

En las imágenes del juicio en la cárcel de Belén es posible observar una actitud desvalida y doblegada de María Teresa. La serie creada por Enrique Díaz y Casasola muestra en sus imágenes cómo había cambiado diametralmente de actitud; la distancia de un año y el homicidio le habían transformado el rostro y el cuerpo; llegó a perder casi 20 kilos desde que concursó hasta el momento del juicio, como ella misma le comentó al reportero de Excélsior. Explica Françoise Carner: "El embellecimiento del dolor femenino va dejando paso a la conciencia de los padecimientos reales de la condición femenina, de su dependencia legal, social y económica, de las dificultades de su vida cotidiana".
Ganar al jurado entre la belleza propia de la mujer, los efectos visuales de los atuendos junto con una actitud desvalida y dolorosa, sumado al discurso que defendía la honra y los valores morales de sesgos más bien decimonónicos, propiciaban las garantías suficientes para conseguir la exoneración de la acusada. 

Además de las notas informativas de la prensa, que en general la atacaban —excepto el Excélsior al defender su propio proyecto de mujer, de feminidad y de modernidad—, el juicio fue seguido muy de cerca por los
 escuchas de la radio, ya que se pusieron reproductores en la calle de 
Humboldt y la avenida Juárez. Esto era algo novedoso, aunque ya había sucedido así con las otras autoviudas
El 2 de diciembre María Teresa salió exonerada. 
Pero fue la última intervención de la bella ex reina la que sedujo al jurado, cuando ella admitió su culpa rompiendo en llanto al decir: "Quise matarme yo, pero lo maté a él". De pie, la audiencia aplaudió el fallo que la declaró inocente, pese que no había atenuantes ni causas de inculpabilidad, y en una ovación interminable la asesina absuelta fue sacada en hombros, entre vítores multitudinarios.
La sentencia no fue bien recibida en los círculos jurídicos: la conducta de la enjuiciada no encuadraba en ninguna de las justificantes ni en ninguna de las causas de inculpabilidad previstas por el código penal. Fue el fin del jurado popular en México.
El último de esos juicios fue el de María Teresa de Landa: de un jurado a otro, de un año a otro, en ambos casos salió airosa y triunfante. Sólo que este triunfo fue amargo: María Teresa cargaba su culpa, salió del salón de cabildos triste y acongojada, así lo narran las fotos. Ya en su casa, al lado de sus padres y de su nana, se le vio sonriente, sin luto. Su cuerpo no mostraba la alegría de un año antes; la sonrisa se desvaneció de su rostro, seguramente con cada disparo de aquella Smith and Wesson con que mató a su marido infiel. Los seis disparos y los 10 orificios vaciaron su ilusión. 


El Antiguo Colegio de San Ildefonso  que se encuentra localizado en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la calle de Justo Sierra 16.
Aparentemente sobrellevó su tristeza el resto de su vida y sobrevivió al hecho 63 años más; dio clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, en las preparatorias 1, 3 y 5, de Historia, Ética y Filosofía, entre otras materias. 


El Antiguo Colegio de San Ildefonso es un museo de la ciudad de México Escuela Nacional Preparatoria tras la reforma educativa de 1867 (promovida porBenito Juárez). En 1910, la Escuela Nacional Preparatoria pasó a formar parte de la Universidad Nacional fundada por Justo Sierra, con lo cual, el Colegio continuó albergando a varias generaciones de intelectuales durante casi seis décadas, hasta 1978, en que dejó de ser sede del plantel nº 1 de la Escuela Nacional Preparatoria.

Obtuvo grado de licenciatura, maestría 

y se doctoró cum laude en 1947. Logró

 traspasar sus propias fronteras y avanzó

 para resolver una situación que la marcó 

de por vida con el estudio y la academia. 

Al parecer, nunca faltó a clases ni llegó 

jamás tarde. Su expediente así lo anuncia 

Dentro de su soledad la acompañaron esas imágenes de mujeres que reivindicó en sus clases de historia en la preparatoria. Sus alumnos sabían su historia y dejaban que contara las de otras mujeres decididas, fuertes, de episodios heroicos. De ello dan cuenta su alumno Jacobo Zabludovsky, que vivió en el mismo departamento donde fue el asesinato, y el historiador y novelista Francisco Pérez Arce, quien la vio recorrer los pasillos arrastrando su profunda soledad fuera de clases. El de ella fue un momento de locura que transformó a una reina de belleza en rehén de su propia condena social.

 Luis de la Barreda, uno de los pocos estudiantes que se atrevió a sobrepasar su mundo privado, conside­ra que su "vehemencia narrativa crecía cuando los personajes eran femeninos. [...] Por encima del contexto social, de los acontecimientos, enfatizaba todos los aspectos psicológicos y las manifestaciones de la condición humana, esencialmente invariable a través de los tiempos".





© 2015 Universidad Nacional Autónoma de México,
Revista Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas
ISSN 1870-3062 
Sitio Web Administrado por: Instituto de Investigaciones Estéticas, iieweb@unam.mx

María Teresa de Landa

fuentes:
http://www.analesiie.unam.mx/index.php/analesiie/article/view/2518/2496
http://www.wikimexico.com/wps/portal/wm/wikimexico/periodos/mexico-contemporaneo/la-reconstruccion/vida-cotidiana/De-Miss-Mexico-a-viuda-negra
http://elfanzinedemalbicho.blogspot.mx/2011/03/la-ley-y-el-desorden-presuntos.html
http://www.etcetera.com.mx/articulo/_el_embrujo_de_maria_teresa/2255/pagina/3
http://www.mexicomaxico.org/zocalo/zocalo2.htm

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